No tenía previsto comentar nada de las elecciones gallegas y vascas durante el transcurso de la jornada electoral, sino más bien esperar al escrutinio y en todo caso hablar algo de los resultados. Pero haciendo un seguimiento de cómo iba el día me encuentro en la web de Patxi López el vídeo de su duro paso por el colegio electoral, lo que me ha motivado a escribir algo ya.

Con total independencia del signo político de un candidato o candidata, es triste presenciar este tipo de espectáculo protagonizado por radicales y extremistas, que hacen el pasillo al ciudadano que va a votar junto con su pareja, y le corean diferentes consignas (yo no comprendo todo lo que le gritan pero creo que no le están llamando precisamente bonito) mientras ejerce su derecho. Entiendo que cada cual exprese sus ideas y su opinión, pero desde luego no así.

Y es particularmente duro ver el gesto y la expresión corporal de la pareja de Patxi, Begoña, tratando de mantener la sonrisa en una situación muy lejana a lo que tenía que haber sido: una tranquila mañana de domingo electoral, la que hubiéramos tenido la mayoría de nosotros.

Como gran contrapunto tenemos hoy en un periódico de tirada nacional un soberbio anuncio a página entera que nos recuerda que en 1948 se firmó la declaración universal de los derechos humanos, entre cuyos artículos leemos el 18 “Libertad de culto y de pensamiento”, el 19 “Libertad de opinión y de expresión” y el 21 “Derecho a la participación política”… todo ello para anunciar un reloj. No hay mal que por bien no venga

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