Coger se escribe con C de catalán, no de chapurreau
Recuerdo que me decían que no se me ocurriese decir en Argentina que iba a coger el autobús porque es una grosería. El realismo mágico, presente en la literatura iberoamericana, se impregna de un vocabulario y unas expresiones que, a veces, nos descolocan a los castellano – parlantes de la Península, cosa que no es impedimento para poder platicar con una mamita chela en mano y para apreciar ese rico lenguaje ajeno a los castellano – parlantes de la Península.
Todo ello no es motivo para decir que hablan mal y que ese vocabulario no sirve. Es más, tampoco ponemos hincapié en que digan español al castellano, denominación que nosotros utilizamos indistintamente según política o socialmente. Curiosamente, en el caso del catalán y las modalidades cercanas del Aragón oriental no pasa lo mismo. El patrimonio lingüístico no se respeta. Ni siquiera se pueden reconocer el plloure, ficá, abaixá, apuchalá, ascllá, atapí, badá, chafá y un sinfín más, las cuales, arragonem en el Aragón Oriental y dan una identidad lingüística autóctona propia.
Por otro lado, la denominación no puede ser otra que la de catalán o su versión eufemística de catalán de Aragón que al final pasa a ser catalán en Aragón o si no, te tachan de acientífico, algo aberrante porque no guarda relación alguna como menciona el catedrático Guillermo Fatás en su artículo “Exclusivas de Aragón” refiriéndose a que no hay que confundir “la definición de una lengua y su denominación”; o si no, que se lo pregunten al escribano que por primera vez dejó reflejada en un texto de 1362 por orden real, la denominación de catalán, para denominar a la lengua utilizada en los condados catalanes según Antoni Rubió, al igual que al que denominó aragonés, también por orden del mismo rey Pedro IV, a una modalidad lingüística similar a las que se hablan hoy en el Aragón Oriental, en un documento de 1372, según el catedrático fallecido Antonio Beltrán.
Recuerdo que no hace mucho la entidad relacionada con la Universidad de Zaragoza, Apudepa, la cual, como ya habremos podido ver en algunas de sus campañas nada tiene que ver con el PAR, reconocía en su blog “la conveniencia de utilizar una denominación legal propia (aragonés oriental o catalanoaragonés, por ejemplo) para el conjunto de las variedades dialectales locales de las comarcas orientales de Aragón, sin perjuicio de la conservación de la denominación específica de cada una de las hablas”.
Sí, esta proposición sí, dará derechos (de bandera), pero no a los ciudadanos del Aragón Oriental que aún conservan su chapurreau o aragonés oriental sino a los políticos fusterianos y otros fenómenos de la pan- filología que se disfrazan de militantes de asociaciones culturales financiadas por la Generalitat de Catalunya, algunas de ellas, y se dedican de entre otras cosas, a tachar a otros de camarilla política. Además hay que añadir a los que erróneamente asocian el catalán con la lucha contra la dictadura como los históricos de Mequinenza y seguidores que aunque no tienen muy mala fe, sí que se encuentran en una franja boscosa. Un gran error y sino vean el discurso del partido ultraderechista Plataforma Per Catalunya. Sólo en catalán.
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