Ayer tarde se alcanzó un acuerdo entre la mayoría sindical de la planta de Opel en Figueruelas (UGT y CCOO) y la empresa Magna (nuevos propietarios de Opel), que ahora deberá ser ratificado por los trabajadores. Como adelanté en un debate parlamentario hace un mes, al final los gobiernos de España y de Aragón terminarán pagando para que los despidos, en lugar de 1.672, sean algunos centenares menos. No me equivoqué. En la partida de póker de la negociación, la cifra definitiva va a ser de 900 despidos, que el Comité de Empresa se verá obligado a aceptar. La plantilla, en lugar de reducirse en un 20%, “sólo” se sacrificará en un 12%. A cambio, Magna habría dado garantías de futuro para Figueruelas, “al menos para los próximos diez años”, según ha declarado el Consejero de Industria.

Obviamente no puede considerarse una buena noticia el despido de cerca de un millar de trabajadores. Nunca. Otra cosa es que todo podría haber sido peor, si se hubiera mantenido inamovible el plan industrial original de Magna. Claro que también podría haber sido mejor si las autoridades españolas hubieran estado activas hace meses, cuando la Canciller alemana Angela Merkel tomaba el timón de la crisis de General Motors en Europa. Entonces se perdió la oportunidad de haber defendido los intereses de Figueruelas desde el principio del proceso, lo que probablemente nos hubiera evitado tener que realizar esfuerzos extraordinarios a última hora, dejando toda la presión y toda la responsabilidad sobre las espaldas de los trabajadores de la planta aragonesa.

Para CHA en este conflicto había dos objetivos fundamentales: la defensa del empleo y la viabilidad futura de la planta de Figueruelas. Parece que la negociación se ha basado en sacrificar el primero para garantizar el segundo. Por eso se habla de “victoria amarga”. El compromiso de un nuevo Corsa en 2013 se anuncia como garantía de la continuidad de la fábrica hasta 2020. Sin embargo, la experiencia nos dice que ningún acuerdo trae la tranquilidad definitiva y que la puesta en marcha de cada modelo traerá un nuevo pulso de la empresa tanto con los trabajadores, a quienes se exigirán nuevos sacrificios, como con las administraciones públicas, a las que se exigirán nuevas ayudas bajo amenaza de deslocalización. Eso ya lo hemos vivido varias veces y nos tocará volverlo a vivir en un par de años otra vez. Ya lo veréis. Y esa garantía de diez años será entonces papel mojado y habrá que volver a negociarlo todo cuando vaya a llegar ese nuevo Corsa. La misma película de siempre. Y entonces tendremos que pagar otra vez porque Opel es fundamental en la economía aragonesa.

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